El ASPO: un Dispositivo Congelado

Luego del discurso presidencial del pasado 31 de julio, señalamos algunas reflexiones respecto de por qué se dio por perdida la metodología del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), para pasar a la política resignada del “rebaño administrado”. Columna de Yago Di Nella*

Dedicado Juanca y Mirta, mis formadores en lo comunitario

Se les congeló el dispositivo: el ASPO. En un librito que tiene ya diez años definí como “dispositivo congelado”, en referencia a cierto tipo de dispositivos terapéuticos implementados en psicología. El concepto resulta esclarecedor respecto del fenómeno llamado “cuarentena”, otrora defendido a ultranza y ahora relativizado como “cansador”, en tanto única forma actual que ha demostrado cierta eficacia en el control de la Pandemia COVID-19.

En un “dispositivo congelado” pasa lo siguiente: el quehacer del profesional (psi en este caso) es la “constante”, en tanto es sostenido por su teoría o marco conceptual, el cual es tomado como un dogma irrenunciable e irrefutable. Su teoría, dogmáticamente concebida y transmitida no puede tener error ni falla, siendo inaceptable todo lo que se diga críticamente sobre ella y, lo que es peor, todo aquello de la realidad que opere en su refutación o presente un incidente de inaplicabilidad. Esto determina entonces como consecuencia que la realidad operante se transforma en una variable dependiente de ese dogma, la constante. En este caso, de los terapeutas psi, ocurre que el síntoma del paciente es la “variable”. A ésta se la denomina “grado de adherencia”. Si adhiere es un buen paciente, y si no, se equivoca el paciente por no tenerla.

En lo referido al ASPO sucede algo análogo: Como se cae la adherencia, se renuncia a contener, atender y cuidar mediante la única medida eficaz, el distanciamiento, y se entrega a la población a su suerte.

Afirmar que una persona o una comunidad “no adhiere a mi dispositivo” es lo mismo que decir:

  • “No quieren laburar”;
  • “Quieren el plan”;
  • “Buscan la beca”;

Si el paciente no “se adhiere” a “tu” dispositivo– cosa que de por sí, es poco usual -, es SU responsabilidad … ¿Vos profesional, operador sanitario, o autoridad estatal de salud, no te preguntas nada? No. Porque el DISPOSITIVO está CONGELADO. No hay forma de que el Estado conciba su dispositivo como una variable, dinámica, móvil, con necesidad de reparaciones o modificaciones. La explicación (justificatoria) recae en el otro, es decir, la población.

Vengo aquí a poner en crisis esta idea del supuesto fracaso del ASPO como un problema de adherencia de la población.

El problema de la adherencia – dice mi amiga Mercedes Ratagan- es de los profesionales. En el caso de la pandemia, es del Estado. ¿Y el derecho a la salud? Se ha congelado en favor del mercado. Esa es la verdad detrás de la justificación del cambio de estrategia.

En efecto, se optó por un cambio rotundo de 180 grados en la estrategia sanitaria. El discurso presidencial del pasado 31 de julio, giró en torno a la “doctrina de la impotencia”. Hasta el 16 de agosto, se implementará lo mismo que ya fracasó la quincena pasada y la anterior a esa. La resignación enunciada desde la política pública, terminará –ineludiblemente- culpando a la población por su irresponsabilidad individual; en lugar de abordar un ASPO que, voy anticipando mi posición, está muy flaco de interdisciplina y requiere desesperadamente y a grito primal limpio de intervenciones grupales, de operar a nivel comunitario. Se trataba de largar la pelota desde médicos infectólogos y epidemiólogos a comunicadores comunitarios, psicólogos sociales y especialistas en la intervención comunitaria. Esa era la siguiente etapa. No es un saber médico, y no tiene nada de malo. Ellos ya hicieron lo suyo.

Había que modificar el dispositivo (congelado), hacer los cambios que lo hicieran posible para las personas; y no culparlas porque “no se adhieren” y liberarlas a su suerte. Sin embargo, se optó por la clásica opción de culpar.

No se está considerando a gran escala como un programa nacional-al menos públicamente- la posibilidad de incorporar al dispositivo implementado a profesionales de otras disciplinas como la comunicación, la psicología, antropología o sociología. Cuando se terminó el efecto de sugestión médica y su única herramienta (el aterramiento) se dio por perdida la metodología del ASPO y pasaron a la dinámica del rebaño administrado. Es prefreudiano. La sugestión conlleva la capacidad del sugestionado en creer en la sentencia. Su credulidad y confianza es el sustento y sustancia del procedimiento. Pero la falta de sugestionabilidad conduce a la desinvestidura del saber depositado y entonces emerge la desobediencia o la indiferencia. Hablando en freudiano modelo 1890, emerge el síntoma histérico. Así, aparece como insondable, incontrolable, inmaculado y hostil. No se aviene a la orden, ni a la represión. Se subvierte. Esa subversión del síntoma expresa el fin del momento propio de la sugestión médica. Hemos conquistado esto a partir de la experiencia freudiana desde hace más de 120 años. Pero no ingresó a la instancia que debe saberlo

Entiendo de dónde venimos, de una emergencia sanitaria sin precedentes. Estas palabras no cuestionan la reacción primaria de cerrar todo, constituir el ASPO y contener. Lo que cuestiono justamente es hacia dónde vamos. El cambio de estrategia es lo que observo como declinación de la política pública del ASPO y la resignación como discurso. Esta visión resignada, es el límite del “modelo médico hegemónico”, no de “la ciencia”. Pero entiendo aquí que se hace esa equivalencia. No veo esa mirada integral que sume el saber de las ciencias sociales, sino única y exclusivamente el fin de la sugestión médica como herramienta, esa que se agotó y listo. Fin. Abandonaron. Eso es falta de interdisciplina con las disciplinas del comportamiento humano y el marco de la masividad social. Pero no es más que una opinión, la mía.

Entiendo la dimensión de la catástrofe a nivel mundial. Entiendo las dificultades para diagnosticar y hacer pronóstico en ese marco, pues hace a la situación castastrófica y disruptiva. Pero eso juega a favor de la necesidad de recurrir a una mirada más amplia, y no de justificar el cierre sobre el saber infectológico.

El sustrato de este planteo que esbozo en estas líneas es ese lamentable pasaje resignado de hace tres semanas, en el cual se pasó al teorema del rebaño, en silencio. Justamente eso planteo. Hubo un cambio de estrategia evidente. Se pasó de “El Estado te cuida” a “la Responsabilidad individual” porque “la gente (en el AMBA) está harta”.

Se entregaron.

Planteo humildemente y con dolor que pasaron al “rebaño contenido” (por tema camas). Explicar la esencialidad de las peluquerías, los runners y demás actividades superfluas es imposible en ese escenario asumido como catastrófico y en el ámbito de circulación casi exclusivamente comunitaria del virus. Responde a un cambio de estrategia. No me sorprende de Ciudad de Buenos Aires, si del enfoque de la Nación. Y lo lamento porque estamos en una meseta alta (para el sistema sanitario) dentro de un ascenso silencioso que se verá en la próxima quincena.

Digo en suma, a este enfoque epidemiológico le faltó psicología social. Y le van a sobrar infectados.

No era necesario. Esa decisión no responde a un sin salida. Es una decisión. Había otros caminos.

Bastaba con interdisciplina para ajustar el dispositivo ASPO.

Acceda al libro “Dispositivos Congelados”, aquí.

Acceda al material de Yago Di Nella; aquí.

  • Artículo publicado en “Apostillas sobre Control Social y Derechos Humanos”. Para citar el mismo, puede utilizar el siguiente formato: Di Nella, Y. (2020): “El ASPO: un Dispositivo Congelado”; en Apostillas sobre Control Social y Derechos Humanos. Viedma. Fundación Adalquí. 06/08/2020. ISSN 2718-6229. Link: https://www.adalqui.org.ar/blog/2020/08/06/el-a-s-p-o-un-dispositivo-congelado/